He conocido a alguien con el corazón tan duro como una piedra.
Una vez fue alguien encantador que me lo entregó en mano, pero cuando se lo devolví dañado de tanto uso, decidió curarlo de la peor manera.
Yo al mío le llené de parches y tiritas y ahora se está reponiendo, anda cicatrizando y algún día volverá a latir con la misma fuerza.
Parece que el amor es así. Hace daño, se rompen los corazones y luego cuesta que la herida cicatrice. Aunque mi angelita de la guarda me dice que cada uno tiene una forma de conseguir curar su herida y yo la creo. Ahora la creo, porque he sentido el golpe.
Pero no tendría que ser así.
