Miré hacia abajo, me sentía con la cabeza enorme de tanto que la sentía latir, el planeta enano resultaba más enano desde mi vista. De hecho, sólo me sostenía por la punta de un pie bajo el cuál estaba mi Plutón.
Me quedé sin respiración, sentí que me ahogaba y volvieron las lágrimas a brotar. La inmensidad del Sistema Solar, cuando te sientes sola, aún parece más inmensa todavía.
Sin duda alguna, mi querido Plutón estaba encogiendo de tantas lágrimas derramadas.
He sido siempre un fracaso en las relaciones humanas pero, en mi ignorancia, yo vivía feliz. Alguien me ha dado una enorme bofetada que me ha hecho ver la realidad.
Y por muy plutónica que sea, eso lo debo reconocer. No soy más que una vulgar mujer que se mueve por este universo como el resto de los humanos, lunáticos, plutónicos, o seres que existen. Con total y puro egoísmo.
Sólo pensamos en nuestra propia felicidad, aunque a veces la ocultemos bajo un atisbo de tratar de ayudar a los demás.
Perdí. Y ahora me estoy quedando hasta sin planeta en el que poder ahogar mis penas.
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