miércoles, 14 de mayo de 2014
Cena con espectáculo / Sopar amb espectacle
Pensaba que los camareros, artistas que esperan su oportunidad para triunfar, iban a ponerse a cantar y bailar mientras nos servían la cena.
Sin embargo, el espectáculo vino de la mano de otros comensales.
Aquella pareja sentada al lado de los grandes ventanales que, en lugar de la comida de la mesa, bien parecía que se comían el uno al otro.
O aquella mujer que le lanza el vino a la cara de su acompañante, dejándole con cara de bobo.
Y que decir de esa pareja que, sin música, se ponen a saltar en medio del restaurante. Si, a saltar, porque pretenden bailar, pero lo único que hacen es evitar los pisotones que se propinan el uno al otro.
Pensava que els cambrers, artistes que esperen la seua oportunitat per a triomfar, anaven a posar-se a cantar i ballar mentres ens servien el sopar.
No obstant això, l'espectacle va vindre de la mà d'altres comensals.
Aquella parella assentada al costat dels grans finestrals que, en compte del menjar de la taula, bé pareixia que es menjaven l'un a l'altre.
O aquella dona que va llançar el vi a la cara del seu acompanyant, deixant-li amb cara de bvo.
I que dir d'eixa parella que, sense música, es posen a botar enmig del restaurant. Si, a botar, perquè pretenen ballar, però l'única cosa que fan és evitar les xafades que es propinen l'un a l'altre.
lunes, 12 de mayo de 2014
De cuando choqué con Urano
Cada vez estoy más convencida de que debo permanecer en mi planeta chiquito, mi querido Plutón. Aunque sea tan pequeño que no tenga donde esconderme.
Se me ocurrió pasear por la galaxia y sacar mi nariz más allá de la seguridad de lo que pisaban mis pies y fui a chocar con alguien extraño de un planeta oscuro y peculiar, más peculiar de lo que dijo que era yo. Un gigante gaseoso que vive rodeado de ténues anillos e ilusiones, que también teme salir de su planeta del mismo modo que yo, pero que es mucho más... ¿cobarde?
Mi condición de hada me tuvo volando en movimiento a su alrededor, esperando alguna reacción. Tal vez traspasar su dura coraza para poder sentarnos en alguno de los anillos de Saturno, a los que le invité a ir a patinar y después tomarnos algún refresquito de esos chococelestiales.
Reconozco que algo se abrió y pude por fin alcanzar una milésima de amistad condicionada. Pero no olvidemos que era un gigante y yo chiquitita, así que podéis haceros a la idea de lo mísera que era esa porción. Y, aún así, ya era mucha.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

