Cada vez estoy más convencida de que debo permanecer en mi planeta chiquito, mi querido Plutón. Aunque sea tan pequeño que no tenga donde esconderme.
Se me ocurrió pasear por la galaxia y sacar mi nariz más allá de la seguridad de lo que pisaban mis pies y fui a chocar con alguien extraño de un planeta oscuro y peculiar, más peculiar de lo que dijo que era yo. Un gigante gaseoso que vive rodeado de ténues anillos e ilusiones, que también teme salir de su planeta del mismo modo que yo, pero que es mucho más... ¿cobarde?
Mi condición de hada me tuvo volando en movimiento a su alrededor, esperando alguna reacción. Tal vez traspasar su dura coraza para poder sentarnos en alguno de los anillos de Saturno, a los que le invité a ir a patinar y después tomarnos algún refresquito de esos chococelestiales.
Reconozco que algo se abrió y pude por fin alcanzar una milésima de amistad condicionada. Pero no olvidemos que era un gigante y yo chiquitita, así que podéis haceros a la idea de lo mísera que era esa porción. Y, aún así, ya era mucha.

No hay comentarios:
Publicar un comentario