Mi existencia plutónica se ha visto opacada por mi existencia terrestre. Y al preguntarme en qué momento esto acontenció, no puedo disimular una sonrisa cómplice y poética.
Pero volví a poner los pies en el enano planeta y me sorprendí persiguiendo mi propia sombra nocturna a la luz de Caronte, que en las noches orbita con un brillo especial. Aunque todavía no tengo muy claro cuando es noche y día en Plutón, como no tengo clara la cuestión del tiempo.
Bueno, os tengo que contar que con Caronte tengo una relación especial. Tenemos conversaciones banales y profundas.
Es verdad que su condición de cuerpo celeste es circunstancialmente oponente a mi condición de cuerpo plutónicohumano, y que no se puede llamar conversación al hecho de que yo hable y él continúe orbitando, dejándome con la palabra en la boca.

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